El club de los poetas muertos
Una película que considero de culto es “El club de los poetas muertos“, película que marco mi infancia y gracias a la cual me di cuenta de que existen películas que merecen la pena ver una y otra vez, películas que te forman como personas, ya sea por un dialogo, una situación o una simple frase que se te queda clavada en la mente para el resto de tu vida, ¿Quién no conoce la frase “Oh capitán, Mi capitán”?

La historia comienza en 1959 cuando da comienzo un nuevo curso en la prestigiosa Academia Welton, conservadora del estilo de educación victoriana, y cuyos estudiantes son miembros de familias poderosas. Siete de esos chicos vivirán una experiencia sin igual al conocer al nuevo profesor de literatura inglesa, John Keating, antiguo alumno del centro. Desafiando a las conservadoras autoridades escolares y a los severos e hipócritas padres, Keating transmitirá con sus enseñanzas la inspiración necesaria para convertir sus vidas en algo extraordinario, buscar nuevos horizontes y realizar sus sueños y pasiones más allá de los estrictos planes de estudio de Welton. Para ello, rescatan del olvido una vieja tradición escolar, ’El club de los poetas muertos’, con el que darán rienda suelta a sus sueños.
“El día de hoy no se volverá a repetir. Vive intensamente cada instante, lo que no significa alocadamente, sino mimando cada situación, escuchando a cada compañero, intentando realizar cada sueño positivo, buscando el éxito del otro, examinándote de la asignatura fundamental: el Amor. Para que un día no lamentes haber malgastado egoístamente tu capacidad de amar y dar vida”.

Magnífica obra del director australiano Peter Weir, conocido por películas como Gallipoli, Unico testigo y Matrimonio de conveniencia, que fue nominada a 4 Oscars: mejor película, director, actor principal y guión original, consiguiendo este último. La película contó en su estreno con el favor de crítica y público, especialmente estudiantes y profesores, que acudieron a verla masivamente a los cines, a fin de utilizarla desde un punto de vista pedagógico.
La magnífica fotografía corresponde a John Seale, australiano colaborador habitual de Peter Weir. Maurice Jarre compone la muy sugerente y cálida banda sonora, en la línea de sus escarizadas Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago y Pasaje a la India.
Robin Williams interpreta a uno de sus personajes más aclamados, pese a lo cual se quedó a las puertas del deseado Oscar. La réplica se la dan un estupendo grupo de jóvenes actores, entre los que destaca Robert Sean Leonard por la intensidad dramática que transmite al desarrollo del guión

La película se basa en un estilo profundo y preciosista de hacer cine, que ya parecía definitivamente enterrado. El guión, obra de Tom Schulman, se aleja de la comercialidad imperante y forja una narración bellísima y plagada de guiños literarios y poéticos, en una clara vuelta al cine con mayúsculas.

Valoración: Un 5

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